Sinfonía n.º 5 en mi menor, Op. 64

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Interpretes

Orquesta Clásica Santa Cecilia

Director, Fuad, Ibrahimov

Programa

Tchaikovsky.-Sinfonía núm 5 en mi menor Op.64

    1. Andante – Scherzo
    2. Andante cantabile
    3. Allegro moderato con patrioso
    4. Andante maestoso

«Con el tiempo Tchaikovsky se reconcilió un poco con su Quinta Sinfonía, aunque siempre la juzgó muy inferior a la Cuarta.»

En la primavera de 1888, tras una de sus giras europeas más importantes, en la que conoció a Brahms y a Grieg y escuchó una sinfonía del joven R. Strauss, el compositor decide apartarse del “mundanal ruido. se instala en Frolovskoie, en pleno campo. Hacia el 30 de mayo, ya estaba metido de lleno en la composición de la 5ª, tarea que combina con la composición de la obertura Hamlet. A principios de Agosto comenzó la orquestación que concluyó en unas tres semanas.

 

La sinfonía núm 5 se estrenó en San Petersburgo el 5 de noviembre de 1888, bajo la dirección del propio Tchsikovsky. Once años habían pasado ya desde su Sinfonía N°. 4 en Fa menor, Op. 36, y de su desastroso matrimonio con Antonina Ivanovna Miliukova, y su tentativa de suicidio en las heladas aguas del Río Neva. Había sido un período de escasa producción artística, aunque sí de seguridad material gracias al mecenato de Nadezhda von Meck.

 

La crítica recibió fríamente la sinfonía. Ivánov encontraba la Quinta inferior a la Segunda y la Cuarta, y con reminiscencias de Francesca da Rímini; calificaba de brillante la orquestación, pero no estaba de acuerdo en el uso excesivo del los vientos.

 

Tchsikovsky se sentía profundamente insatisfecho con su última obra. «Hay en ella algo falso —escribía a Nadezhda von Meck—, una chatura y falta de sinceridad que repelen y que el público no puede dejar de percibir. ¿Habré agotado definitivamente mi capacidad creadora?». Que sus temores eran infundados nos lo habrían de demostrar más tarde los ballets La bella durmiente y Cascanueces, la ópera La dama de Pique y la Sinfonía Nº. 6 en si menor, Patética, Op. 74. Con el tiempo Tchaikovsky se reconcilió un poco con su Quinta Sinfonía, aunque siempre la juzgó muy inferior a la Cuarta.

 

Ambas sinfonías tienen un elemento en común: el leitmotiv que representa el inevitable poder del Destino. En tanto que en la Cuarta el mismo se presenta bajo la forma de una incitante fanfarria, en la Quinta, según el crítico musical y musicólogo Inglés Ernest Newman: «El triste, misterioso tema del principio sugiere los ineluctables designios del Destino«.